
La definición de lo que sucede con la estrategia digital libre de la Consejería de educación de la Región de Murcia podría calificarse como escandalosa, pero la palabra escándalo ha perdido impacto en nuestras mentes y mucho más en nuestras almas.
Los escándalos en muchos ámbitos son tantos y tan graves que se han normalizado y ya cualquier disparate nos parece normal.
Es difícil encontrar un calificativo que pueda abarcar lo que supone que una Administración que está obligada a garantizar una formación de calidad de su infancia y adolescencia, lo que haga sea promover una norma que perjudica de forma grave y notoria el aprendizaje y la salud de los alumnos a los que debería proteger.
Y yo me pregunto: cuando los poderes públicos no amparan ¿qué vías reales le quedan al ciudadano para luchar contra una Administración que lejos de velar por el bienestar de sus ciudadanos les obliga a someter a sus hijos a unas condiciones educativas que implican la asunción de conductas que las agencias médicas desaconsejan por poner en grave peligro la salud mental, social y física de la infancia?
Y si alguno estáis pensando que no sois amigos de las agencias médicas, ni os queréis dejar influir por sus recomendaciones, no tenéis más que abrir los ojos y observar atentamente los efectos evidentes en niños y adolescentes del uso de pantallas. Si levantáis los ojos de la vuestra, os saltarán a la vista.
¿Nadie se ha leído con detenimiento e interés la orden de la Consejería de Educación? Léedla bien. Ved lo que dice, cómo lo dice y todo lo que no dice. No os dejéis engañar por los titulares y las propagandas políticas.
Hacedle el favor a vuestros hijos y nietos de leer el texto de la norma y de preguntarles por la realidad de las aulas. No os escudéis en la facilidad de creer lo que os cuenta un señor al que no conocéis, que sólo os dice lo que queréis oír para conseguir vuestro voto.
En este caso del dicho al hecho… hay mucho más que un gran trecho.
El Consejero de educación Victor Marin, nos deja perplejos con la incoherencia entre su obra y los valores que profesa en la campaña de marketing a través de la cual pretende convencer a España de que Murcia es pionera en la lucha contra el grave problema del abuso en el uso de pantallas por niños y adolescentes.
Mientras no deja de aparecer en anuncios de prensa y cortos en RRSS en los que hace alarde de las medidas que Murcia ha tomado en este ámbito, su Consejería impulsa y aprueba una norma de laxas recomendaciones repleta de excepciones que deja a criterio pedagógico del centro el cuánto y el cómo del uso de dispositivos digitales, lo que permite que se sigan realizando multitud de prácticas dañinas para los alumnos y su entorno. Al tiempo no establece derecho de desconexión digital de los alumnos y promueve el uso de pantallas en rangos de edad que constituyen un grave riesgo para la salud de los niños.
Habla muy fácilmente de educar en el buen uso y de posibilitar el acceso a internet desde cursos tempranos para fomentar el espíritu crítico de los niños y enseñarles a identificar las noticias falsas.
Y quien lo escucha se lo cree porque suena bien… ello, sin haber contrastado fuentes, sin dominar los temas, sin investigar contenidos, porque así somos, nos creemos lo que vemos y mucho más lo que nos conviene, igual que harán los niños con todo lo que se encuentren en la red a su paso en sus “trabajos de investigación”.
Pues aquí un ejercicio práctico para las víctimas del Plan Digital Libre:
Niños de primaria -criaturas de 6 a 11 años- oíd y leed con atención a Victor Marín y valorad si lo que dice es cierto.
Un ejercicio nada adaptado a vuestra edad, pero se ve que sí a la realidad del mundo.
¡Qué disparate!